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El Gobernador en su laberinto

Como si le faltara poco a la interna de Juntos por el Cambio, para continuar ardiendo, el ex presidente Mauricio Macri estuvo en la vecina Corrientes y se sacó fotos con Gustavo Valdés. Días antes, Horacio Rodríguez Larreta había elogiado al mandatario correntino y hasta esbozó el armado de una fórmula. Al correntino le resta el deber de quedar bien con todos.

Por Gustavo Verón (*)

¿Qué tendrá el correntino que todo el arco político de Juntos por el Cambio quieren una foto con él? “Es la figurita que quieren todos”, aseguran desde el entorno del gobernador Gustavo Valdés, a quien le quedan aún dos años de mandato. En la última semana, Mauricio Macri y el correntino se mostraron en un video que luego subieron a las redes. Fue en el marco de una visita a la localidad de Goya.

Días antes, Horacio Rodríguez Larreta, jefe de Gobierno porteño y el principal contrincante en una eventual interna del PRO, desafió al ex presidente con una frase tajante: “Que cada uno presente sus ideas”, y en esa línea no ocultó una hipotética fórmula junto al correntino, es más, “podría ser un buen compañero de fórmula” esgrimió en una entrevista en el portal de Radios Dos.

La visita de Macri a la provincia litoraleña tuvo aparentemente mucho de represalia a ese comentario. Valdés es un “gobernador de lujo” agitó el visitante. La foto no le habrá caído muy bien al alcalde porteño. Pero el coqueteo de Valdés con los dirigentes nacionales del PRO no es caprichoso. Son necesidades compartidas. Patricia Bullrich tendría planeado desembarcar en Corrientes porque las encuestas le dan bien en ese territorio y seguro habrá foto con el mandatario local. Otra vez, necesidades compartidas.

No debe ser fácil estar en el cuero del gobernante correntino, con dos años de gestión por delante y una interna feroz en la alianza que lo llevó al Gobierno, debe responder de manera complaciente a todos los posibles aspirantes en las inminentes Primarias. Es el viejo estigma de los partidos nacionales en los que prevalece el verticalismo y donde, aunque no quieran reconocerlo, hay obediencia debida. Los legisladores misioneros de Cambiemos son ejemplo de esa obediencia: fueron capaces de dinamitar proyectos de leyes esenciales para Misiones. Claro, había que obedecer el mandato de arriba, aunque eso desoiga las demandas de quienes los pusieron en sus bancas, es decir, del único soberano: el pueblo.

“Todos los caminos conducen a Roma”, dice el antiguo adagio. El problema es cuando esos caminos desembocan en un laberinto. El caso Valdés no es el único, sobran dirigentes que miran hacia arriba a la espera de las decisiones centrales, sumergidos además entre los avatares de una inflación disparada y una grieta sin tregua. El gobernador en su laberinto.

De este lado, del arroyo Chimiray, el cantar es otro. En Misiones, la política es rectora para la gestión, no para la disputa de cargos ni para la condescendencia con cacicazgos centralistas que declaman federalismo cada cuatro años. Subida al tren del desarrollo, Misiones no para de generar seducción a inversores en diversos rubros, inversores que observan los indicadores de una economía plena de dinamismo y soberanía política y financiera. Los resultados hablan por sí solos: la octava economía del país está acá, en “la tierra sin mal”.

(*)Periodista – Locutor nacional

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