Written by 20:02 Notas de opinión

El gran dilema opositor

Juntos por el Cambio padece dos grandes males que complican sus aspiraciones electorales: falta de liderazgo y excesiva cantidad de candidatos. Tanto la Unión Cívica Radical como el PRO lejos de conseguir un equilibrio interno en la coalición operan como dos fuerzas antagónicas con marcada propensión a la desestabilización. El peligro de una fuerte implosión está cada vez más latente.

Por Nicolás Marchiori (*) 

Desde ya hace un tiempo hasta este parte, las discusiones, disputas y desencuentros dentro de la principal alianza opositora se han vuelto habituales. No son nuevas las diferencias que atraviesa el espacio, y lo más preocupante para sus seguidores es que no se vislumbra una solución en su escabroso camino. A esta altura es imposible imaginar una semana en donde Juntos por el Cambio esté exento de disputas internas. Tanto la oposición como el oficialismo brindan un espectáculo circense ante una sociedad que observa atónita la falta de conexión con la realidad y los problemas reales en los que se haya inmerso toda la población, justamente por el paupérrimo accionar de la clase dirigente que no logra salir de su propia burbuja. No es casualidad que en las encuestas de opinión uno de los sentimientos que más se reflejan de la ciudadanía es la apatía hacia una clase política que luce cada vez más desacoplada de la realidad.

Puertas adentro de JxC no son pocos los que ya comienzan a advertir que la recurrencia y la intensidad de las discusiones pueden llegar a un nivel de profundización en donde la ruptura finalmente se vuelva no sólo inevitable sino también irreparable.

Lo lógico sería que este nivel de disputas internas esté marcado por discrepancias de proyectos o planes de gobiernos, pero en este caso las diferencias no pasan exclusivamente por cuestiones conceptuales y objetivas.

El trasfondo es cada vez evidente, los principales actores se encuentran atravesados por grandes diferencias personales y ésto tiene su explicación: hay una excesiva cantidad de aspirantes a la presidencia, tal vez producto de la ausencia de un liderazgo que funcione como gran ordenador del espacio. 

Una opción diferente

Tanto la sobreabundancia de candidatos como la falta de liderazgos, son dos elementos que causan muchas dudas en la población y eso se también se reflejan en los sondeos de opinión pública, toda vez que gran parte de los consultados consideran que tanto Juntos por el Cambio como el Frente de Todos son más de lo mismos. Dicho esto, inmediatamente surge en la ciudadanía la necesidad de una opción diferente a las dos grandes fuerzas políticas.

En este contexto, las dos principales fuerzas que sostienen a la coalición de Juntos por el Cambio, lejos de lograr efectos estabilizadores internos como sucedió en 2015, operan como fuerzas antagónicas con fuertes tendencias al desequilibrio. Quienes deberían revestir el carácter de principales referentes y actuar como tales, se erigen como actores con intereses propios en juego. De esta dinámica por la puja del poder que hemos descripto emerge un escenario en donde ninguno de estos actores logra captar un nivel de autoridad y reconocimiento suficiente que permita que los demás se encolumnen detrás de sus posicionamientos. El resultado está a la vista y es más bien el contrario.

Mauricio Macri capta toda la centralidad, sin dar certezas respecto a si se presentará o no como precandidato por el PRO. Por otro lado, el gobernador jujeño y presidente de la UCR, Gerardo Morales, no se baja de sus aspiraciones de integrar la fórmula presidencial. Y no sólo eso, sino que desafía en cuanta oportunidad se le presente a sus socios del PRO. Con este panorama, todo se hace más complicado dentro de Juntos por el Cambio.

Ya no representan vientos de cambio

Otro factor que no se debe soslayar es que tanto el radicalismo como el PRO no son las mismas fuerzas del 2015. Por el lado del macrismo, ya no representan los vientos de cambios. Sumado a ello, el imborrable y estrepitoso fracaso económico de su gestión al frente del gobierno.

Si hablamos del radicalismo, está claro que ya no es el furgón de cola que ofrecía como principal activo la territorialidad desde el punto de vista partidario. Hoy la realidad lo ubica como un socio en igualdad de condiciones, en gran parte gracias a el reordenamiento que supieron tener en el territorio bonaerense.

Mientras continúan los desencuentros en Juntos por el Cambio, lo cierto es que existe una ciudadanía que reclama a gritos una clase dirigente que responda y se ocupe de sus problemáticas. El nivel de desconexión con la gente parece aumentar cada día, al ritmo de las ambiciones y disputas por el poder.

(*) Abogado. Diplomado en Manejo de Crisis y en Análisis de Procesos Electorales. Posgrado de Especialización en Comunicación de Gobierno y Electoral. Becario de la Fundación Konrad Adenauer y del Centro de Análisis y Entrenamiento Político – CAEP (Colombia).-

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