Written by 03:21 50 Años del 12, Notas de opinión

La vieja terminal de colectivos de Posadas

Por Mario Pernigotti (*)

Ahí llegaban todos los buses. Ese cruce de las avenidas Uruguay y Mitre exigía una pericia única en los choferes porque el que venia por Uruguay doblaba a la derecha y ahí nomas debía volver a doblar a la izquierda. Y pocos metros mas arriba, de vuelta a la izquierda.

Ahí se erguía el edificio con todas las casillas para venta de pasajes mechadas con los negocios de comida, alimentos y los quioscos de revistas.

En frente, el mástil con el estandarte nacional que ondeaba majestuoso y el reloj de estilo inglés daban un porte señorial al lugar.

Hay marcas y empresas que ya no están.

Una vieja historia de colectiveros y pasajeros decía que una vez se subió uno y le pregunto al chofer:

-Este es el colectivo Contal, señor?

-No, señor: este es el colectivo (y remarcaba despacito las dos silabas) Cotal

No, yo decía que si era el colectivo Contal que llegue, eso nomás…

Es que muchas veces, se salía pero no había certezas de si se iba a llegar. No todas las rutas eran asfaltadas, por ejemplo.

La vieja terminal de ómnibus de Posadas tenía una gran ventaja: el que llegaba estaba a un paso del centro posadeño. Muchos venían a Salud Pública. Y Eso estaba ahí, a unos pocos pasos por Junín y Tucumán.

Se había construido en los años 50 del siglo pasado.

Y creció con Posadas.

A su alrededor florecieron hoteles, posadas y pensiones que se extendían por las avenidas adyacentes, así como por el barrio El Palomar, junto con restaurantes, fondas y lugares de comida al paso. Ni hablar de los vendedores de chipa, sopa paraguaya y otras comidas regionales.

Había lugar para todos. Apretados, eso sí, como cuando se subía a esos colectivos donde ya el pasaje venía de bote a bote y el chofer gritaba:

-Corriéndose para el fondo que hay más lugar…

Y, no, muchas veces no había mas lugar, pero uno igual subía porque no sabía cuándo iba a venir el siguiente.

En algún momento de esa historia de medio siglo de la Terminal de colectivos, la avenida Uruguay llegó a tener un cantero al medio. Y había un programa de radio que identificaba a todos los comerciantes que tenían negocios en esa típica vía de acceso a Posadas y se llamaba Del mástil a la rotonda.

La mayoría de los ómnibus, a los que la gente ya los había empezado a llamar ‘micros’, en un paradojal achicamiento del nombre ‘micrómnibus’, ya que de micro no tenían nada. Estos buses cada vez más grandes estacionaban en un ángulo de la estrecha playa muy cercano a la intersección de Uruguay y Mitre. Era porque ya no tenían cabida en los lugares previstos. Y de ahí, partían todos por la Uruguay rumbo a la Rotonda.

Estaba claro, la Terminal no soportaba tanto tránsito ni tantos vehículos.

Como todo cambio, hubo resistencia.

Empezó a hablarse en los años 90, cuando el viento menemista arrasaba y todo debía privatizarse.

Y así de a poco, la gente fue haciéndose la idea y también las empresas y -claro que sí- los que vivían del intenso ritmo de nunca descansar de la Terminal eran conscientes de que se acababa una época.

Y la nueva terminal de buses se mudó a un lugar amplio y de fácil acceso.

En el medio hubo una licitación que luego se declaro inválida donde la estación iba a estar en un pequeño espacio con ingreso por la avenida Uruguay (bastante cerca de la Rotonda) con salida por una calle interna cercana a Rademacher. Era una locura y por suerte no prosperó: era casi tan chico como el espacio que se buscaba dejar atrás.

Como dicen los españoles, para hacer la tortilla hay que romper los huevos. Así que la nueva Terminal vino a remplazar a la antigua que devino Paseo Cultural. Con ese nombre tan determinante de su historia: La Terminal.

Algunos vendedores se mudaron; algunos negocios cerraron; otros se readaptaron. Pero la memoria quedó.

Y eso es lo que vale hoy.

(*) Periodista. Condujo desde 2014 a 2019
Derecho al Autor, programa cultural por canal 12

(Visited 13.190 times, 4 visits today)
Close