Written by 18:06 Notas de opinión

Mundiales, FIFA y corrupción

(*) Por Mario Pernigotti

La foto de portada muestra el no-gol de Inglaterra a Alemania en la final de 1966

Se llama FIFA Uncovered y está en Netflix. Lo traducen como Los entresijos de la Fifa.
¿De qué va?
De cómo los sobornos y la corrupción se han insertado al igual que un virus dentro del organismo rector del fútbol mundial.
Hasta ahí, todo bien.
La investigación realizada por fiscales de Estados Unidos puso contra las cuerdas a la Fifa.
En 2015 saltó el escándalo y se hizo evidencia.
Hasta ahí los hechos.
Luego vienen las interpretaciones.
Ahí es donde la cuestión se pone un poco más -como decirlo- gris.
Una de las voces cantantes del documental es David Conn. Es naturalmente periodista deportivo del diario The Guardian.
Y tiene formación en literatura y política. Y 57 años. Nació en 1965.
Para Conn, el escándalo de la FIFA comenzó en 1978 con el mundial de Argentina.
Antes, todo había sido impoluto.
Y la vinculación entre deporte y política se aplicó en toda su extensión desde ese mundial. El realizado en Argentina que terminó ganando la selección anfitriona.
Naturalmente, como inglés que se precie, defenestra la gestión del brasileño Joao Havelange (a la sazón, era su primer mundial, al frente de la FIFA) y elogia hasta el infinito la anterior de su connacional Stanley Rous.
Dos cuestiones, entonces.
Por un lado, vuelve a echar manto de sospechas sobre el famoso 6-0 de Argentina-Perú.
No sé Conn. Pero yo sí vi ese partido.
Solo quiero decir que el equipo de César Menotti jugaba al ataque. Y atacaba con cuatro delanteros y todos iban para adelante. Solo Gallego quedaba atrás para cortar algún contraataque. Ese partido Argentina jugó como nunca. Pero hay un detalle que la mayoría de los ‘tiradores-de-dudas’ (como Conn) soslayan: Antes del primer gol de Argentina, la selección de Perú había metido dos tiros en los palos. Y como dice Quique Wolff, la “caprichosa” (por la pelota) podía haber entrado en cualquiera de las dos (¡o en las dos!) y Argentina hubiera estado 2-0 abajo con la obligación de ganar por tres goles o más de diferencia. O sea que perdiendo y teniendo que hacer cinco goles como mínimo. La caprichosa no entró y Argentina termino goleando.
El domingo 25 de junio jugó otro partidazo y venció 3 a 1 a Holanda. De ese partido, vaya sorpresa, Conn no dice nada. Solo que Kempes jugaba con los “calcetines” (medias) bajos.
Reitero: no hay pruebas y el partido contra Perú fue y seguirá siendo legítimo.
Vaya ahora, un contraejemplo. Cuando Conn tenía un año, Inglaterra ganó su único mundial en su propia tierra. El presidente de la FIFA ya era Rous (el impoluto).
Bueno, quizá el periodista no analizó muy bien qué pasó en ese partido. En el tiempo reglamentario, Inglaterra y Alemania empataron 2-2 (los germanos hicieron el empate cuando faltaban pocos minutos para terminar el match).
Fueron al alargue. Y el delantero inglés pateó, pegó en el palo, pegó en la línea y salió. Pero el árbitro y el juez de línea decidieron dar gol (aunque se veía claro que no había sido). Sin embargo, para el periodista inglés esta cuestión (que no es especulativa como el supuesto soborno o presión a jugadores peruanos doce años después) no merece ser destacada. Todas las filmaciones mostraron que ese gol fue mal convalidado. Y con ese (y otro) gol la selección anfitriona fue campeón del mundo. “¡Hey, David Conn… te están llamando!”
Y de vuelta, al mundial 78.
“Ahí empezó todo, con Havelange y el contacto entre deportes y política”.
¿En verdad, David, crees que eso fue así?
Como al pasar, el documental agrega que hay antecedentes en las olimpiadas de Berlín de 1936. El nazismo ya usaba el deporte para impulsar sus mensajes.
Es verdad: pero soslaya, por ejemplo, que Mussolini dos años antes había impulsado lo mismo para que la selección italiana de fútbol gane su primer mundial. O sea, Conn ¿estás seguro que empezó todo con el mundial 78?

Selección italiana 1934 apoya a Mussolini


En fin, es largo y polémico.
Es claro que la Fifa no es una ONG.
Es un negocio.
Y un gran negocio.
El más fabuloso de esta época. La transmisión de los partidos por TV deja chiquitas a EEUU y sus pretenciosas coberturas del super Bowl (con sus shows de medio tiempo y todo el marketing disponible).
Ni hablar de la NBA (el famoso torneo nacional de básquet) o las artes marciales MMA (UFC, por ejemplo) que también TODOS tienen sus escándalos. Y muchos.
En todas y cada una de estas disciplinas -al haber dinero en juego- se muestran escándalos y casos de corrupción.
Pero Netflix prefirió el fútbol (que, para peor, ni siquiera lo llaman así porque para ellos es ‘soccer’).
Así son los norteamericanos.
Vaya una anécdota, (real).
El fiscal Kenneth Starr se hizo famoso (va bien con su apellido) cuando investigó las andanzas de Bill Clinton con una becaria en el salón oval del presidente. Y lo hizo con fruición y con la dedicación de un voyeur. Su obsesión por los cigarros y las manchas asombraron al mundo.
Cuando el siguiente presidente de EEUU envió a su ejército y al de los países aliados a Irak porque ese país tenía “armas químicas de destrucción masiva”, el conflicto produjo 600 mil muertes.
Al final, no había armas de destrucción masiva.
Pero el fiscal Starr decidió que ESO no merecía ser investigado.
Era más fácil escarbar con deleite las andanzas cariñosas de un presidente que el genocidio impulsado por otro.
Así de especiales son para elegir los fiscales sus casos.

Periodista. Fue conductor durante seis años del programa Derecho al autor por canal 12.

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