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Andresito: las enfermeras que ayudaron a dar a luz a un pueblo

Son cuatro enfermeras que forman parte de la historia de la localidad. Atendieron solas más de mil partos. Mordeduras de serpientes, nacimientos y accidentados de los obrajes eran parte del día a día.

Por Fabián Bautista

Cada 21 de noviembre se celebra en Argentina el día de la enfermería. En Comandante Andresito sobresalen las historias de cuatro profesionales en un pueblo en pleno nacimiento. El Plan de Colonización Andresito surgió en la década de 1970 para contrarrestar la ocupación ilegal de las tierras, que eran fiscales para ese entonces. El encargado de ejecutarlo fue el teniente coronel (retirado) Homero Enrique Jáuregui.

El 11 de febrero de 1980 se realizó la primera entrega de las 17 mil hectáreas de tierras a 107 colonos. La selva era lo más abundante y los caminos terrados estaban recién abiertos. Ese escenario lleno de peligros, ausencia de recursos y distancias tuvo como protagonistas a las enfermeras de la Unidad de Salud Almirante Brown (USAB), “La Salita”. Gladis, Margarita, María y Gessy, todas jubiladas ya, figuran como las profesionales que ayudaron a nacer a todo un pueblo.

Foto Gentileza Gessy. Las cuatro enfermeras junto al médico Chenlo.

Nena, la auxiliar polifuncional

Gladis Fontana “Nena” (64), que ahora vive en Posadas, llegó a Andresito en febrero de 1981. Venía de Cerro Moreno, Aristóbulo del Valle. Estaba casada con Federico Roque con quien tenía tres hijos. Antes se había recibido de enfermera auxiliar en la Escuela Padre Luis Tezza, que pertenece a la Clínica San Camilo en Buenos Aires.

Ellos, así como todos los que llegaban, vinieron en busca de trabajo y tierra. Aunque no reunían los puntos necesarios para recibir una chacra. Rememoró: “nos dieron una quinta de una hectárea, con la condición de que cuando se ampliara el pueblo nos darían un terreno y el resto sería redistribuido”.

Fue admitida en la USAB en julio del 1981. Recordó cómo consiguió el trabajo: “un día que llevé a mis niños a control le comenté a la doctora Barchuk de mi formación y me dijo que cuando necesitaban ayuda me iba a buscar. Así lo hizo y a los pocos días ingresé como ayudante para hacer de todo, desde limpiar hasta realizar curaciones y vacunas”.

Continuó en esa función hasta noviembre de ese año, cuando llegó Margarita, que era enfermera universitaria. Entonces fue reasignada como mucama. “Yo acepté, con tal de no perder el trabajo. En el 1984 pasé nuevamente a enfermería y entró de mucama Teresa Viera, que era esposa del chófer de la ambulancia de ese entonces”, contó Gladis.

Margarita, la enfermera maestra

María Margarita Schereiner (72) se jubiló en 2016, después de 38 años de servicio y continúa en Andresito. Hija de un agricultor y una enfermera, es originaria de Eldorado. Después de recibirse en Corrientes volvió a trabajar a su ciudad. Luego estuvo dos años en Iguazú y finalmente fue trasladada a Andresito por pedido del doctor Arjol, a fines de noviembre de 1981, donde fue admitida como la primera enfermera universitaria del municipio.

Un tiempo después, se fue el matrimonio de doctores que vivía en el municipio y se quedaron sin médico fijo. Venía uno desde Puerto Iguazú dos veces a la semana. Por ello, “con Gladis atendíamos toda clase de emergencias, sobre todo los lastimados de los obrajes”, recordó.

Sus registros en la USAB indican que durante la década de 1980 atendieron aproximadamente cinco mil partos; en más de mil no estaba un médico presente. Cuando anticipaban alguna complicación, derivaban a las embarazadas a los centros de mayor complejidad.

Contó que Armando Chenlo –médico particular que vivía en el lugar- les auxilió ad honorem muchas veces, incluso a la madrugada, en los casos de complicaciones en los partos o accidentados de gravedad:

En función al aumento de la población fue creciendo la demanda de atención y de personal capacitado. Por ello, Margarita organizó diferentes cursos de vacunación y de Auxiliar de enfermería, con acompañamiento de especialistas que venían desde Eldorado. De esas capacitaciones se recibieron alrededor de 40 nuevos auxiliares, 17 de las cuales continúan ejerciendo en el municipio.

María, la auxiliar repostera

La mayoría de la gente actual de Andresito, donde continúa viviendo, desconoce que María Eduviges Otto (69), la “viuda de Fredy Zimmermann” fue enfermera. Eso porque trabajó en la salita alrededor de 3 años, desde 1983. Luego se dedicó a la repostería –oficio por el que sí la conocen todos- y a ayudar a su marido en los repartos del correo.

Había estudiado la carrera de enfermería en el Sanatorio Adventista Hohenau en Itapúa, Paraguay. Ya recibida trabajó en el Sana de Alem y después en un hogar de ancianos de esa localidad hasta mudarse a Andresito.

Luego, por la necesidad de enfermeros, los médicos me pidieron que ingrese al equipo de salud. Contó que “habían muchos partos y muchos accidentados, por el trabajo en las chacras, por lo que debíamos colaborar aun no estando de guardia”. Incluso, le tocó recibir el cuerpo de un sobrino, fallecido en uno de esos siniestros.

Explicó que dejó la enfermería porque acordaron con su marido que ella siga con la repostería, ya que tenía mucha demanda.

Gessy, la licenciada uruguaya

Gessy Dos Santos (63) vive en Montevideo, Uruguay, su país natal. Se recibió de Licenciada en Enfermería en la Universidad Adventista del Plata, Entre Ríos. Allí trabajó y se casó con Emilio Wolhein, con quien se mudó a Andresito en enero de 1984, donde estuvo hasta junio de 1988.

Venir de un centro de salud de alta complejidad a la USAB representó varios desafíos: “Atender a los pacientes mordidos por serpientes era lo más impactante. A veces venían con las víboras muertas, lo cual asustaba pero facilitaba la aplicación del suero específico”, recordó.

Entre muchas anécdotas recuerda encontrarse con “uras en las cabezas de los chicos o deditos infectados por piques, algo que nunca había visto”. Además de las frecuentes visitas a los guaraníes, para vacunarlos por primera vez o enseñar primeros auxilios a los adultos.

La USAB

La Unidad Sanitaria Almirante Brown (USAB), construida por la empresa Ratti, empezó a utilizarse en 1981, sin inauguración. La estructura del edificio constaba de sala de espera, consultorio médico, consultorio odontológico, enfermería, vestuario, farmacia, sala de partos y sala de internación –con 3 camas-. Además contaban con una ambulancia doble tracción, marca Dodge, cedida por Parques Nacionales.

En la USAB, más conocida como “la salita”, trabajó un matrimonio de médicos, Hugo Matea –quien también oficiaba de ambulanciero- y Ana María Barchuk, además de la odontóloga Clara Manzoni de Magrini. En el año 1982 empezaron a sumarse enfermeras al equipo de salud.

Hacia el año 1985, en función al crecimiento poblacional se amplió el edificio, construyéndose las salas de pediatría y obstetricia, ampliándose la capacidad de internación a 10 camas. Con la incorporación de más personal médico, en 1988 se pasó de nivel de atención II al III, asumiendo como jefe el doctor Armando Chenlo.

Siguió funcionando como tal hasta el año 1992, fecha en que se inauguró el edificio del actual hospital, época en que se reasignó como sala de vacunatorio primero y luego como club de jubilados.

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