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Investigan a monos aulladores como centinelas anticipadores de enfermedades virales

La veterinaria Lucila Citón forma parte de un equipo que en la Estación Biológica de Corrientes estudia el impacto de la urbanización en especies silvestres. Cómo la pérdida de biodiversidad puede llevar a nuevos virus zoonóticos y por qué el estudio de los monos carayás o aulladores pueden servir para anticipar brotes de enfermedades virales

Por su comportamiento y parecido con los seres humanos, los monos resultan carismáticos y divertidos. Y también son una “especie centinela” porque su sensibilidad a distintos virus puede advertir de posibles riesgos epidemiológicos.

Científicos Industria Argentina – Informe: Monos aulladores en Corrientes TVP

Este es el tema que investiga la veterinaria Lucila Citón, junto a un equipo dirigido por Silvina Goenaga y Martín Kowalewski, del Conicet, en la estación Biológica San Cayetano, a pocos kilómetros de la ciudad de Corrientes.

El equipo estudia el impacto de la urbanización en el hábitat de los monos carayá en el nordeste argentino y la posible aparición de virus zoonóticos (que se transmiten de animales a humanos).

Los monos carayá, también conocidos como monos aulladores, son la especie de primate más austral de América y solían habitar el monte chaqueño y la selva paranaense.

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Vigilancia epidemiológica

En particular, Citón y su equipo realizan una vigilancia epidemiológica estudiando “arbovirus” (virus transmitidos por vectores) potencialmente zoonóticos, como el de la fiebre amarilla y el dengue, que utilizan mosquitos para su transmisión.

Los monos carayás son especialmente sensibles a la fiebre amarilla. En ellos la infección se manifiesta en forma aguda y tiene una alta mortalidad. 

“Actualmente estamos tomando muestras para fiebre amarilla, dengue, y también coronavirus, algo que aún no se ha estudiado y queremos conocer si la Covid también afecta a los monos”, señala la investigadora.

Viruela símica: La culpa no es del mono

La (mal) llamada “viruela del mono”, también conocida como “viruela símica, es una enfermedad viral que no es nueva para la ciencia. Fue descripta por primera vez en África (donde es endémica en algunas regiones) y se la conoce desde la década de 1970.

“La mayor parte del conocimiento de esta enfermedad deriva de su circulación en el continente africano, donde se ha observado que los contagios entre personas se dan por contacto directo con fluidos corporales, a través de las lesiones que provoca la enfermedad en la piel, y por contacto con las mucosas. También se sabe que, en África, el principal reservorio de la enfermedad son los roedores”, destaca en un comunicado la Asociación de Primatología Argentina (Aprima).

Se trata de una enfermedad menos frecuente y con síntomas más leves que la viruela, que en general estaba circunscripta a pocos países de Africa, aunque este año se han registrado brotes en más de 30 países, incluyendo la Argentina, donde el ministerio de Salud confirmó el primer caso a mediados de junio, en una persona que había viajado al exterior.

¿Y qué tienen que ver los monos? “Nada en cuanto a la responsabilidad de transmitirlo a las personas. Su nombre se debe a que fue identificada en monos de laboratorio, pero esto no tiene nada que ver con el rol de los primates en el ciclo de trasmisión de la enfermedad”, advierte el documento de la entidad que agrupa a los principales investigadores en primates no humanos del país.

Télam. 

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